MADRID, 20 Jun 2011. (Portaltic/EP) -
Beautifulpeople es una red social destinada a gente “guapa”, en la que los aspirantes a entrar deben enviar una fotografía para que la comunidad estime si son lo suficientemente “guapos” para aceptarles. En el último mes y medio, Beautifulpeople ha sido atacado con un virus bautizado como Shrek que ha permitido a 30.000 usuarios inscribirse sin necesidad de pasar los controles de belleza del portal.
La red social Beautifulpeople es un sitio web en el que aseguran a los usuarios que podrán “chatear con hombres y mujeres guapos y conocer a gente de verdad hermosa”. Esta red social exclusiva, obliga a todos los usuarios que quieran inscribirse a mandar una fotografía para comprobar si son guapos. Los usuarios pueden calificar las fotos con cuatro valoraciones entre las que se encuentran “por supuesto que no” o “hermoso”.
En la pantalla de inicio de Beautifulpeople lo dejan claro. “Vea perfiles de hombres y mujeres hermosos de entre toda la chusma”. Pese a esta declaración de intenciones, un ataque informático a la página ha permitido que 30.000 personas se inscriban en Beautifulpeople sin necesidad de tener la aprobación del resto de usuarios.
El virus informático Shrek ha permitido que aproximadamente 30.000 personas se inscriban en la red social sin ninguna restricción. Según el diario The Telegraph, desde hace 6 semanas los responsables de la página han detectado un aumento inusitado de los registros y han investigado hasta dar con el virus.
“Tenemos sincero pesar por la desgraciada gente que han sido admitidos erróneamente en el portal y que creían, aunque por un corto periodo de tiempo, que eran guapos”, ha explicado un portavoz de Beautifulpeople. El portavoz de la red social de gente “guapa” ha explicado que para los usuarios que han conseguido entrar sin pasar las pruebas “debe ser algo difícil de tragar, pero es mejor tener un pedacito de cielo que nunca se ha probado”.
Los responsables de seguridad de Beautifulpeople.com han asegurado que el ataque solamente ha permitido a gente registrarse sin la aprobación del resto de la comunidad, pero los datos de los más de 700.000 usuarios de Beautifulpeople no se han visto comprometidos.
La compañía está investigando el origen del virus para intentar que no se vuelva a producir un ataque de este tipo. Un portavoz de Beautifulpeople ha asegurado que el ataque podría haber sido efectuado por parte de uno de las 5,5 millones de personas a las que se le ha denegado el acceso a la red social.



Enhorabuena por el blog, hasta lo visto el primer cuaderno de antropología 2.0.
Me gustaría comentar tres ideas -que se vuelcan en una pregunta- y que me surgen ante el tema de Beautifulpeople.com (BP):
1. Internet acentúa las paradojas de toda la vida, quizás por su inmediatez o por su (al menos aparente) entronización de la Libertad. En esta ocasión, los adalides de la Web Libre -los hackers, detrás de ese curioso y desde luego, libre, movimiento Anonymous, y todos sus imitadores- restringen con su ataque a BP la libertad, que también lo es, de los guapos (o de los altos, o bajos, o alemanes, o científicos, socios de un club de fútbol o profesionales de un sector o empresa determinada) para que contemos con nuestra propia red social privada de contactos. Friccionan dos libertades, la libertad de acceder a Internet libremente, que los hackers loablemente defienden, con la libertad de restringir un servicio propio y acotado dentro de Internet a un grupo determinado. O, si se quiere, dos derechos: el derecho a no ser discriminado con el derecho de admisión.
2. El principio maquiavélico de “el fin justifica los medios”, ¿es aplicable en este caso? El editor del blog parece que lo avala. El fin -la integración social de los feos- justificaría en este caso el ataque informático a un sitio privado sin permiso de sus administradores. El mismo principio justificaría entonces que las beliebers (fans del cantante Justin Bieber) irrumpieran en sus conciertos sin pagar la correspondiente entrada. O que, como canta Dani Martín, de El Canto del Loco, pudiésemos entrar con zapatillas de deporte a una discoteca, club o pub cuyos dueños prohíben esa indumentaria. ¿Es la libertad ilimitada, hasta para sobrepasar la propiedad? ¿O sin serlo siempre lo es en algunos casos concretos, cuando va acompañada por la justicia? ¿Y qué pasa entonces con los grupos finalistas como éste? ¿Debemos permitir los socios del Atleti acceder a nuestra peña a un madridista -hincha del equipo rival del Atleti- sólo por no discriminarle? ¿Deben los socios del Club Siglo XXI dejar entrar a sus reuniones a los anarquistas? ¿Deben los anarquistas dejar entrar a sus reuniones a los fascistas? No digo si quieren, pregunto si deben aunque no quieran. Peligroso…
3. En el terreno de la legislación, esto es, la ley, bajo cuyo imperio a veces prostituido nos hallamos las democracias, allá donde se ha positivado, tiene claro qué libertad (o derecho) prima: el de admisión. Pero también es cierto que los códigos de rango superior (declaraciones de derechos humanos o constituciones) prohíben la discriminación (la Constitución Española, en su Artículo 14, donde además la ubica en el terreno de los derechos fundamentales, especialmente protegidos). Pero también lo es que esta no discriminación a que se refiere lo es por razón de igualdad ante la Ley, no ante las propiedades. Y que esa misma Constitución establece el derecho a una vivienda digna y ya sabemos dónde se encuentra…
Estas tres ideas me llevan a una pregunta tremenda: Si existe y debe existir la libertad de establecer reglas de acceso para sitios, clubes, o entornos privados, que es básicamente la traslación social del derecho a la propiedad, ¿ésta tiene límites? Porque si en vez de “Prohibido entrar a los feos” dijera “Prohibido entrar a los negros”, todos nos echaríamos las manos a la cabeza. Algunos nos la echamos ya con el “Prohibido entrar a los fumadores”. Mi opinión es que, si (y sólo si) se dan tres circunstancias, es legítimo restringir un grupo (o si se quiere, discriminar), es decir, sería legítimo lo de BP:
* Si la discriminación para entrar en él tiene que ver con contravenir el objeto o misión del grupo. En este caso, es obvio: el grupo es para los que son “guapos” de acuerdo a la convención marcada por los coordinadores del mismo. Entonces es legítimo prohibir la entrada a los que no lo son. Según este criterio, no sería legítimo prohibir la entrada a un bar a los fumadores, pero sí prohibir la entrada a un Club de Fumadores a los que no lo son. Y sí lo sería prohibir la entrada a un bar de copas a los abstemios. Al unico sitio donde, siempre según este criterio, cabría prohibir la entrada a los negros es al ku-Klux-Klan.
* Si existe alternativa similar para el discriminado, esto es, si no hay un monopolio por parte del organizador, que aconsejaría obligarle desde la res pública a flexibilizar sus requisitos de acceso. En este caso, Internet alberga millones de grupos similares, incluso específicos, como éste: http://foro.univision.com/t5/El-Club-de-los-Feos/bd-p/feos. Aunque no se conocen clubes de feos que prohíban el acceso a guapos (cosa que sería igual de legítimo e igual de subjetivo o convencional). Volviendo al ejemplo alternativo de los fumadores, este segundo criterio también deja en mal lugar -o como ilegítima- la prohibición de fumar en los bares, pues no plantea alternativas similares (bares de fumadores), sino que es totalitaria.
* Si dicha discriminación produce, en el terreno de la única ética real, que es la epicúrea o utilitaria, mayor placer que dolor a un mayor número de personas. Aquí hay dudas en el tema de BP, porque es indudable que hay en el mundo más feos que guapos, aunque no sé si no entrar en ese club (o su mera existencia) les produce frustración. Pero, ¿se puede imponer la ética utilitarista? ¿O en caso de imponerla ya no sería utilitarista, sino kantiana, normativa?
Conclusión: prohibir entrar a los feos a un club de guapos es legítimo, pero no es ético.
Espectacular el blog. Enhorabuena. Eso sí, la noticia ésta parece de elmundotoday, excepto por lo triste del fondo.
Lo dicho, me he hecho seguidor del blog, a seguir así.